Geriatría mis amad@s

Son las 7 de la mañana te espera un día lindo vas a estar haciendo algo que amas, cuidar, asear, acompañar al paciente, verás a tus compañer@s una pequeña reunión de reparto de trabajo las caras típicas de cuerpos recién levantados para ejecutar el milagro de darles dignidad a las personas que más quieres tus ancianos, la tercera edad de la que tanto debemos aprender.

Llegas con tus bártulos a la habitación enciendes la luz bajas la barandilla saludas la anciano con la mejor de tu sonrisa y por su nombre y por tu experiencia ya sabes qué te deparará el aseo que les vas a realizar como todos tenemos días buenos y regulares pero tu como profesional trasciendes todo eso y con tu cariño vas llevándote al paciente a tu terreno, se escapa un beso, me da igual que el pantalón solo quiero que sienta mi calor a las 7 de la mañana para hacerle pasar el rato lo mejor posible, tocaba ducha como disfrutan. aunque antes se quejan de una agradable ducha mañanera se les ve en los ojos y tú te sientes satisfecho.

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Ven, como no es un trabajo baladí, si se pone emoción es el placer que estás dando a una persona dependiente o semi independiente. Una vez vestido se ve el brillo del trabajo del de Auxiliar lo sacas de la habitación y los llevas al comedor para desayunar. Esto si se hace con vocación nunca, nunca, puede ser rutina, acabas amando a estos pequeños hombres y mujeres que son nuestros mayores los portadores de la sabiduría que por la enfermedad olvidaron, sagrarios vivos donde arrodillarse.

Todos vamos a llegar ahí, qué sueño ser tratados con dignidad, sufrir poco no dar mucha faena e ir despidiéndose de este Mundo de la mejor forma posible y con dignidad, despedirnos bien de este Mundo para dar la bienvenida al otro, sí, porque yo creo que hay otro que es unos campos llenos de flores blancas y algodón para que volvamos a oler la infancia.

Soy  muy feliz realizando lo que realizo y amar lo que haces es un regalo del cielo, cuido mi entusiasmo es frío y a la vez quema, lo tengo que regular es la pasión de la vocación tanto tiempo esperada en esa estación de tren del desempleo que no tiene AVE.

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El azúcar en la sartén quemado, Storytelling

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Cuéntame tu historia José Luis, ¿porque la vocación sanitaria? ¿Por qué ese amor a los enferm@s?

Quizás haya personas que no me crean, pero todo viene del azúcar quemado en una sartén. Su aroma.

De niño por circunstancia muy precoces tuve que rodearme de muchos y variados medicamentos serios, no la famosa analgilasa, sino el Oncocarbide que dejó de hacerse y yo con 12 años buscaba sin descanso por todas las farmacias de Liria si había stock. Mi madre sin ellas moría más rápido. Ya me consideraba yo un sanitario me atraía por la motivación de luchar con mis padres enfermos a muy tempranas edades, lloraba el miedo de la ausencia abrupta pero mi lucha era la utopía de ayudar a sanarlos cuidarlos. Mis padres fallecieron a muy corta edad.

De niño en el baño leía todos los prospectos de los medicamentos y fui cogiendo una cultura sanitaria nada de desdeñable, lo comprobé cuando estudié el Auxiliar de Enfermería que me saque con sobresaliente global.

No me conformaba con eso que tenía vecinas con madres mayores diagnosticada de cáncer de Colón, Doña Mercedes, su hija Encarna que después falleció de Alzheimer. Un día la madre empeoró mucho, los vecinos y la familia bajábamos a verla pero había mucha confusión yo cogí a su hija Encarna que sufría y le dije Encarna, diga que se salgan todos y vamos a ver como arreglamos esto de la forma más digna posible y me hizo caso al mocoso que era. No saben lo que es asear a una personas en las puerta de la muerte con cáncer de colón.

Siento la crudeza de lo que voy a decir, pero es una verdad como un templo el olor en la habitación era insoportable, los hijos no lo podían aguantar hay que tener actitud y aptitud para hacer lo que iba a hacer aparte de con el permiso de su hija decir, por favor salgan todos de la casa descansen fuera, déjennos a Encarna y a mí. Más adelante atendí a muchos enfermos más me hacía feliz.

Bien y así fue, la arreglamos lavamos en los últimos minutos de su vida, hasta que vino el éxitus. Mientras tanto y por eso lo del azúcar y la sartén a mí con 12 años no se me ocurrió otra cosa que para parar el mal olor de esta terrible enfermedad que quemar azúcar en una sartén y pasarla por toda la casa y fue muy pero que muy efectiva y afectiva porque la muerte sucedió con un rictus de dulzura.

Hoy a mis 47 años sigo sintiendo lo mismo con más experiencia, mas curtido y más amor purificado en el desarrollo de mi profesión sanitaria de Auxiliar de Enfermería. Si alguien sabe ver con el corazón y me puede dar una oportunidad para demostrarlo se lo agradeceré de corazón. Una sola oportunidad para este alma que se abre al mundo laboral sin miedos.

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Se nos olvidó la vocación

 

 

 

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